Pepino de mar, afrodisíaco del océano, se convierte en nuevo oro para el crimen organizado

Acaba de ponerse el sol en Jaffna, cuando Anthony Vigrado se sumerge en las aguas de Palk Bay, sondeando el lecho marino para recoger su apreciado tesoro, que consiste en vistosos pepinos de mar –criaturas largas, de piel curtida, cada día más valiosas y que han sido la fuente de sus ingresos en los últimos doce años-.  Pero luego de diez horas de búsqueda, su cosecha es sólo una fracción de lo que solía ser, ya que las orillas del norte de Sri Lanka y del sur de la India han sido el principal sitio de explotación.

“Vienen pescadores ilegales que cruzan nuestras fronteras y recogen pepinos de mar en lugares que nosotros surcamos normalmente. Estamos perdiendo nuestro ingreso y nuestras riquezas en sus manos” –dice el pescador de 31 años.

Los pepinos de mar son equinodermos con cuerpos suaves, tubulares, que se asemejan a sus homónimos vegetales. Son una especie inusual que cumple un rol vital en los ecosistemas oceánicos. A la que se alimentan de detritus en sedimento, ayudan a reciclar nutrientes y excretan nitrógeno, amonio y carbonato de calcio, ingredientes claves de los arrecifes de coral. Su alimentación también ayuda a enlentecer la acidificación de los océanos producida por la actividad humana.

Los pepinos de mar tienen una enorme demanda en China y países del sudeste asiático, donde son vistos como una delicia culinaria y son usados en medicinas tradicionales. Usualmente son comidos en formas secas –conocidos como bêche-de-mer o trepang. También son considerados como un afrodisíaco, especialmente en China (al igual que su forma fálica, también pueden ponerse rígidos y expeler su meollo como un mecanismo de defensa).

Esto ha alimentado un increíblemente lucrativo negocio sobre el animal en peligro, que ha crecido firmemente en las últimas décadas. En los ’80, los pepinos de mar se cotizaban a menos de 60 dólares el kilo, ahora los precios se han elevado a más de 280 dólares el kilo, con especies raras valuadas en más de 4.000 dólares el kilo.

Con el correr de los años, Palk Bay y el golfo de Mannar han presenciado una extrema sobrepesca de pepinos de mar. Entre las especies más caras, las poblaciones globales han mermado más de un 60%. Actualmente, la pequeña isla tropical es un lugar caliente para el tráfico y contrabando ilegal. Como Vigrado, más de 10,000 pescadores –y sus famlias-  están preocupados por su sustento a lo largo de las costas norteñas de Sri Lanka.

Chamari Dissanayake, profesor de zoología de la universidad Sri Jayewardenepura, dice: “Además de destruir las poblaciones más importantes, la sobrepesca de pepinos de mar afecta la biodiversidad, y toda la cultura pesquera de nuestro pueblo. Está lleno de botes ilegales que destruyen el equipamiento de los pescadores locales, y algunos se han suicidado porque no pueden devolver los préstamos que han tenido que sacar para sobrevivir. Todos sus bienes se encuentran en peligro por esta situación. Los botes invasores no tienen escrúpulos” dice el académico ceilanés.

Stanny Lambert, otro pescador de 31 años de Vankalai, dice que está triste y enojado por la cantidad de actividad ilegal. Según la ley de la isla, él y su padre sacaron y renovaron sus licencias para pescar pepinos de mar durante once años, y ahora los extranjeros –principalmente hindúes- los están depredando.

Aunque en Sri Lanka está permitida la exportación, India ha prohibido el tráfico de pepinos de mar desde 2001. Los pepinos ilegales son introducidos en Sri Lanka, donde pueden ser exportados legalmente, o lo hacen directamente desde India con etiquetado falso.

El mes pasado tres hombres fueron hallados con 1.000 kilos de pepinos de mar –valuados por la guardia costera india en 1 millón de dólares en el mercado internacional-. Los traficantes hacían la ruta Tamil Nadu a Sri Lanka a través del golfo de Mannar. El experto en crimen organizado vinculado a este peculiar commodity, Teale Phelps Bondaroff, reflexiona: “Cuando el mercado ilegal está tan cómodo en el mercado legal, te das cuenta que éste funciona bárbaro para el lavado de dinero proveniente de la pesca ilegal”

En efecto, la pesca ilegal está ampliamente extendida en todos los océanos. En lo que respecta a los pepinos de mar, ha involucrado violencia mortal de grupos narcos en México, la participación de la yakuza japonesa y una intensa actividad de bandas criminales entre Tanzania y Zanzibar. También ha arribado al archipiélago de Lakshadweep, al sudoeste de India. En esa zona, se han hallado alijos de valor incalculable en arrecifes de coral cerca de Suheli, una isla deshabitada.

Ciertamente, el agotamiento del recurso está llevando a nuevas exploraciones, y a nuevas acciones de defensa por parte de las autoridades. El año pasado en el referido arhipiélago se conformó la primera área de conservación de pepinos de mar a nivel mundial, con un grupo comando que goza de armas especiales para combatir a los depredadores de pepinos.

Sivakumar Kuppusamy, otro científico de la universidad ceilanesa, dice: “La gente es consciente de la importancia de los pepinos, y su lugar en nuestra industria pesquera. Pero no entiende su rol ecológico para la conservación de los mares, y detener el proceso de contaminación. Nuestros pescadores se van a tener que reconvertir y dejar de depender del pepino de consumidores. Los diletantes comilones y consumidores de afrodisíacos tendrán que aguantar y asumir posturas más estoicas en sus vidas: el tráfico de pepinos de mar, y su captura, debe prohibirse en forma generalizada de inmediato”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *