En el mar

Cuando la noche tenía estrellas, más raras que naves en el oceáno, se desvanecían de polo a polo, entonces toda la maravilla de sus labios sugiere su alma innavegable.
Tales luces daba ella como guía a mi barca, pero yo estoy tragado en el oleaje del océano de su corazón, sabiamente oscuro, que sostiene mi cielo y sostiene mi infierno.
Vivo en ella, un minuto de átomo danzando un momento en el sol: en ella muero, un disparo estéril de sombra de noche en olvido.

En ella se disuelve mi elfo, arrojo descuidado un grano de sal al mar, mi pasión purifica mi pena, para pacificar la pasada personalidad.

Amor de mi vida, Dios garantiza los años, confirma el crisma, ¡se levantó a la cruz! ¡Amores que uncen, lágrimas derramándose en santificadora soledad!
El hombre es tan infinitamente pequeño en todas aquellas estrellas, determinadas. Hacedor y escultor de todas ellas, ¡el hombre es tan infinitamente grandioso!

 

traducción: Hugo Müller

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