El Titanic

Adelante brilló la rayada serpiente de acero, consumada coronación del ingenio del hombre, chocó abajo contra una inmóvil y descerebrada barrera de hielo. ¡Coraje! Los dioses grises disparan un labio que se rie: ¡no dejemos que la fe naufrague con la nave!
Nos tambaleamos ante los golpes del destino, nuestras almas agrias titubean ante el shock. ¡Oh!, hay algo último que se fija más rápido que la roca viviente. ¡Coraje! ¡La catástrofe más allá de la creencia endurece nuestros corazones al miedo y el dolor!
Los dioses derraman sobre los titanes su alto intolerable desprecio, pero ningún dios supo a qué hora nacería un nuevo Prometeo. ¡Coraje!, el hombre va conduciendo a su condena, ¡una corona de espinas es aún una corona!
Ningún poder de la naturaleza soportará al fin el espíritu de la humanidad: no está construido sobre la arena, no se desperdició al viento. ¡Coraje! El desastre y la destrucción tienden a un triunfo más elevado al final.

 

traducción: Hugo Müller

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