El pentagrama

(Dedicado a George Raffalovich)
En los años del curso primigenio, en el amanecer del nacimiento terrestre, el hombre domó al mamut y el caballo, y el hombre era el Señor de la Tierra.
El le hizo una piel hueca del corazón de un árbol sagrado, él recorrió la tierra allí, y el Hombre era el Señor del Mar.
El controló el vigor del vapor, él adornó el rayo en alquiler, él condujo al equipo celestial, y el hombre era el Señor del Fuego.
De bocas profundas desde sus tronos de asientos profundos, los coros de los eones declaran el último de los demonios derrotados, porque el hombre es el Señor del Aire.
¡Levántate, oh, hombre, en tu fuerza! Tú has de heredar el reino hasta que dioses elevados atestigüen a distancia que el hombre es el Señor de su espíritu.
traducción: Hugo Müller

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