El águila y el bebé

(Dedicado a Raymond Radclyffe)
Soy aquella águila de oro, orgullosa en pose adamantina sobre los pilares de turquesa, veo, más allá del pliegue estrellado, donde una órbita oscura es enrollada.
Allí, bajo un bosque de tejos juega un bebé. ¿Debería despreciar semejante espuma de oro, y ojos ardiendo berilios, tan azules que el sol parece espiar a través de ellos?
¿Me precipité, estaba sorprendido el Cielo? Con mi pico golpeé sólo una vez, allá saltaron un millón de soles. A través del universo que ardió, grita su luz y la muerte está aturdida.
En mi vientre el bebé puede saltar, ¡no lo busquen en mis ojos, ni me pregunten por qué debería zambullirme desde el empinado cristal como una plomada hacia la profundidad!
¡Veo esa estrella solitaria! ¡Qué mundo de negrura la envuelve y rodea! ¡espacios inimaginados! ¡Dejen que sea! ¡Contengan su carro con el viaje de cosas que sean!
Ni estimen que el turquesa equipare el molde de muladar o nieguen al Aguila de Oro, ¡y ustedes quizá contemplen cómo me hundo y golpeo sobre la carroña exentrada de la tierra!

 

traducción: Hugo Müller

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