Dionisio

Te traigo vino de arriba, de las cubas del sol histórico, para cada uno de tus amores, y la vida para cada una. Tú has de danzar en la colina y a nivel, tu has de cantar en el vacío y la altura, en la celebración mística festiva, ¡el extático rito de Bacanal! Las rocas y los árboles son tuyos, y las aguas bajo la colina, ¡por el poder de aquello que soporta el sagrado cielo de tu voluntad! Enciendo una llama como un torrente para que se precipite de estrella a estrella, tus cabellos como el horror de un cometa, ¡tú has de ver las cosas como son! Levanto la máscara de la materia, abro el corazón del hombre, ¡porque estoy por fuerza para frustrar el traje que oculta a Pan! Tus amores lamerán la matanza, y chapoteando con rosas de sangre cada desesperada hija querida nadará en la férvida corriente. Te traigo risa y lágrimas, los besos que espumean y sangran, las alegrías de un millón de años, las flores que no cargan semillas. Mi vida es amarga y estéril, su llama es una estrella errante. Tú has de pasar en placer y peligro a través de la barra mística colocada para la ira y el llanto contra los niños de la tierra, pero tú, cantando y durmiendo, ¡pasarás en medida y alegría! Levanto mi vara y te saludo de una colina a otra de deleite: mis ríos rosados te lavan es su luz lustral más interior… Te conduzco, señor del laberinto, en la oscuridad libre del sol, a pesar del despecho que es el día, estamos casados, somos salvajes, somos uno.

En Shigar Baltistan.

 

traducción: Hugo Müller

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