Una interpretación

Ahora Lonergan aparece sobre los tableros, y la verdad y el error enfundan sus espadas linguales. Ya no se comprometerán en guerra verbal, los comentaristas se inclinan ante el escenario, y los ratones de bibliotecas, militantes por eras pasadas, confiesan al fin su igual desvarío, releen su Shakespeare a la luz más nueva, y juran que el sentido es obvio de ver. Por siglos la cuestión ha sido caliente: ¿estaba loco Hamlet, o no lo estaba? Ahora, el arte iluminador de Lonergan revela la verdad de la ‘parte’ disputada, y muestra a todos los críticos de la tierra ¡que Hamlet era un idiota de nacimiento!

 

traducción: Hugo Müller

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