Una falsa profecía

Don Pedro, emperador del lejano Brasil (de donde viene el café y la almendra de tres puntas), dicen que estás imperialmente enfermo, y amenazado de parálisis. ¡No, no! Aunque los emperadores sean mortales, nada excepto un rayo experto podría atrapar y matar a un hombre predestinado a partir de esta vida por la bala, bomba o cuchillo de un asesino.

Señor, una vez hubo un presidente que liberó a diez millones de esclavos, y hubo una vez un zar que liberó a cinco veces más siervos. Los pecados crían los medios de punición, y los tiranos son arrojados de cabeza al carro triunfal si se les permite acerlerar más rápido que la ley. Lincoln y Alexander golpearon la rodada, ¡ustedes salvaron esclavos también. ¡Parálisis, no, no!

 

traducción: Hugo Müller

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