Mendax

Alto Caballero de Mentirosos, ¡deja que los mortales más mezquinos inclinen sus rodillas sujetas! Tuya es la corona imperial de la mendacidad, igual por genio, acción y renombre.

Ningún hombre, desde que las palabras pueden poner mejillas en llama, ¡jamás mintió tan enormemente con tan pequeña vergüenza! Oh, viejo hombre malo, tus años restantes deberían pasar conduciendo a idiotas de las orejas, las tuyas (de la Justicia, si ella dictamina sujetarlas asadas al poste penitenciario) ¿aún se menean con simpatía, colgadas de la misma barra mecedora que carga tu lengua?

Tú, perro de la oscuridad, ¿esperas detener el pavoroso avance del tiempo hasta que hayas tenido tu día? ¿Piensas que el estrangulador liberará su abrazo porque, en verdad, algunos embustes permanecen sin ser contados? No, no, bajo tu multiplicadora carga de años no puedes demorarte en el camino para chapotear tus pies de plomo en sangre, han pisado desde pechos que habían cesado de latir, reputaciones bordeando el camino, no se desviaron del camino de la nueva verdad a asesinar. Dite a tí mismo cualesquiera mentiras que desees, atrapadas como puedas a centavos obtenidos por la culpa, te hundirás directo a la muerte este bendito año, tu vida lavada como con una ola de tinta. Pero si esta profecía no se cumple, y tú que mataste a la paciencia no serás asesinado, si la edad asalta en vano y el vicio ataca, sólo por locura regresarías para ser vencido, aún la Naturaleza puede dar esta consolación: ¡los bandidos que mueren no están condenados a vivir!

 

traducción: Hugo Müller

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