Maestro de tres artes

Goldenson, tus varios talentos inspiran respeto: eres un poeta y puedes dibujar. Es una pena que tu mano dotada siempre se hubiese levantado contra la ley. Si no hubieses llevado pistola sino un retrato, hubieses salvado tu gaznate de una restricción.

De tu poesía no estoy tan seguro: es cierto que tenemos mucha que es bastante mala, cuyos resistentes escritores no tienen que soportar las caricias del verdugo. Se dice que ellos están locos: aunque tardíamente el señor Brooks (digo el poeta) se vio bien, y si estaba enloquecido no lo mostró.

Bueno, Goldenson, yo soy un poeta también, las musas me enseñaron cómo golpear el arpa, y levantar la voz entonada, aunque como tú y Brooks, a veces plano y a veces agudo. Pero déjame decir, sin deseo de burlarme, nunca maté incluso a las chicas que deseé.

Mantengo una de las leyes poéticas, cantar de la vida, no tomarla. Siempre he mostrado un alto respeto por la vida humana porque tengo semejante problema para soportar la mía. Y tú, bueno, encontrarás problemas pronto en soplar tu carbón privado para mantenerlo rojo y resplandeciente.

Ahora imagino que te veo en la puerta próxima a san Pedro, arrastrándote sobre tu panza, tú lloras: ‘Buen señor, ten piedad de mi estado, ¡perdona al asesino de Mamie Kelly!’, y Pedro dice: ‘Oh, eso está bien pero, señor, usted garabatea rimas. ¡en el infierno lo haré ampolla!’

 

traducción: Hugo Müller

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