Libertad nonata

‘¡Que haya Libertad!’ dijo Dios, ¡y sí!, lo cielos rojos estaban todos luminosos. El brillo conmovió el primer resplandor de los picos montañosos de Columbia, ¡hace doscientos cincuenta años!

Así cantó un patriota que vi una vez descendiendo de la sagrada colina de Bunker. Con temor advertí que él brillaba con luz sagrada, como Moisés con las tablas de la ley.

¿Dos cientos cincuenta años? Oh, pequeño y miserable período ¡comparado con toda la corriente de siglos que fluyeron y refluyeron para grabar el muro dividido de Yosemite!

Ah, Libertad, te cantan siempre jóvenes cuyas arpas son tocadas en tu adoración (cada uno jura que tú eres su campesina, también, y no hablan otra lengua que su lengua materna).

Y verdaderamente, muchacha, aunque con grito y cuerno el hombre lo tiene todo, te ha saludado desde la mañana de la creación, no puedo pensarte vieja, pienso, incluso, que por veinte siglos te has mantenido sin nacer.

 

traducción: Hugo Müller

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