La audacia

¡Hija de Dios! Audacia divina, el terror de los payasos y la señal de cerebros, no eres tú la inspiradora del tonto apresurado, ni tú la baba vocal de los idiotas: tu hermana bastarda de frente de bronce, la Presunción, acciona el culo de carga. ¡Nacida del Cielo, Audacia!, de tí quien canta debería golpear las cuerdas con mano más libre que las mías, las notas deberían montarse en alas fuertes y sinceras, por tí, el sujeto debería sostener la canción hasta que los ángeles se inclinen desde el cielo, ¡una multitud sin aliento! ¡Ay!, con cabezas tambaleantes y colas vacilantes, ellas (las notas, no los ángeles) caen y el himno fracasa, los tiernos dedos del juglar y sus pulgares se hacen harapos sobre la lira que él rasguea. ¡Está hecho! la elevada tesis demanda voces más fuertes y una mano más dura: para que aspiren las notas los monos aullantes de la noche, ¡y el puño del poeta Riley para aporrear la cuerda rebelde!

 

traducción: Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *