Homo Podunkensis

Como el pobre asno que se desvía de su establo, debía sonar en el extranjero la alabanza de sus compañeros de campo, contando volublemente su mirada bien alimentada, su impresionante puerto y su riqueza de oído, confundiendo el asentimiento del mundo, el estrépito de ecos burlándose de su maldita arenga, así el aburrido payaso, aunque no viajado en general, visita la ciudad en el margen del océano, expande sus ojos y se maravilla por destacar cada goleta costera y cada barca extraña, parloteos de ‘todas las naciones’, se maravilla mientras contempla a aquellos mercaderes nativos vender mercancías importadas, no comprende cómo en su visión profunda un barco extranjero tiene una tripulación extranjera, aún, fiel a su aldea de nacimiento, jura que es superior a nada en la tierra, suspira por los templos localmente reconocidos, la escuela del pueblo y la onza del pueblo, y escribe con tiza sobre los palacios de Roma los sentimientos campesinos de ‘¡Hogar, dulce Hogar!

 

traducción: Hugo Müller

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