Cuatro de un tipo

Robert F. Morrow

¡Querido hombre! aunque un extranjero y un enemigo, para el brillo humanizante del suave cariño; aunque no te enseñaron cómo palpitan corazones varoniles, con más deseos que el deseo de robar; aunque tan vacío de ternura como el ingenio, y sin poseer nada suave salvo Maurice Schmitt; aunque contaminado, rechazado y en desgracia, ¡me llenas con una pasión a abrazar! Atento a tu mirada, tu sonrisa, tu llamada, Señor de mi amor, e ídolo de mi esperanza, tú eres mi san Valentín, y yo soy una soga.
Alfred Clarke Jr.

Ilustre hijo de un ilustre caballero, confiado con el deber de gritar ¡Fuego!’, y ordenar que paren las máquinas, ejerce tu poder con cuidado. Cuando, mirando desde tu elevada torre, ves una luz rubicunda en cada pared, pausa por un momento antes de que suene la llamada: puede ser de un fuego, puede ser, también, de los rubores de los buenos hombres cuando piensan en tí.


Juez Rutledge

¡Sultán de Estúpidos!, con suficientes sesos para ir a interiores en todas las lluvias infrecuentes, pero no suficientes para permanecer allí cuando la tormenta ha pasado. Cuando todo el mundo está seco y cálido, en irritante consuelo, lamentablemente divertido, manteniendo el tenor maléfico de tu modo, caminas al extranjero, dulce, hermoso y cómodo, y la Justicia te escucha con su habitual encogimiento de hombros, levanta media pulgada su amplio vendaje y mantiene un ojo sobre tí mientras el otro llora.
W.H.L. Barnes

Feliz el hombre cuyo proverbial salario del pecado recibe en edad el plan de pagos. Para él el ladrido honesto de la pistola buldog no tiene nada de terror en su estricta observación. El ve con calma sobre el brillante acero, si alguna vez tocó su corazón no lo sintió: la dureza superior desvió su punto, aunque urgida por cariñosa afinidad a quedarse, sus venas sin sangre ignoraron el fútil golpe, y el moho moral mantuvo el corte en manto. Feliz el hombre, digo, a quien el salario del pecado ha sido conmutado en edad. Aún no bastante feliz, escuchen, ¡aquel grito horrible!, ¡su cruel espejo lo hiere en el ojo!

 

traducción: Hugo Müller

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