Cuatro candidatos a senador

Para favorecer tu camino al aguijón de tu esperanza, oh, plausible señor Perkins, necesitarás diez toneladas del jabón más suave y paquetes de mantequilla. Al jabón podrías darle un mejor uso lavando tus manos de ambición, antes de que la manteca sea usada para cocinar tu ganso a una hermosa condición marrón.

‘Las vías no pueden correr a Stanford’, esto es así, la cola no puede rizar al cerdo; pero entonces, ustedes saben, adentro del pálido jardín de vegetales, el cerdo comerá más coles que la cola.

Cuando el sargento se pavonea junto a todos los legisladores dice: ‘¡Derecha, izquierda!’ Es justo inferir que derecha tomará izquierda, el día no opuesto, cuando él haga que la cosa ocurra.

No es así, no es así, es una broma, que llora tonta, y aburrida y pequeña: él los carga así por votos que significan implicar que él es un sargento instruido, eso es todo.

¡Dioses, qué visión! A horcajadas de la ancha espalda de McClure, Estee corre alrededor de la pista senatorial, la multitud toda indecisa, mientras pasan, ya sea de alentar al hombre o alentar al asno. Ellos se detienen: el hombre es visto bajando sus pies, y la bestia cansada, reitrándose del medio, monta, cuando ellos comienzan nuevamente, el cuello del bípedo, y apenas la multitud puede decir quién está en el suelo.

 

traducción: Hugo Müller

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