A un cierto crítico

Dejen que temas bajos comprometan mi humilde pluma, estupideces de críticos, no de hombres. Que sean mías una vez más las divagaciones para rastrear la carrera auto-dirigida de los expositores, sus fantasías atadas con alambre, detalladamente finas, de diligente vacuidad el signo. Dejemos que ensayen su negocio en jerga, el significado moral del verso azaroso que corre espontáneo de la pluma del poeta para ser medio mancillado por hombres ambiciosos que esperan con sus nombres más mezquinos vincularse escribiendo sobre él en otra tinta, los pensamientos irreales que ellos piensan que piensan, hasta que el ojo mental en vano inspecciona el odioso palimpsesto para encontrar el texto.

La alondra ascendiendo hacia el cielo, estridente y largo canta su canción caprichosa al día amaneciendo. La paloma lamentándose, atenta al sonido, se apura por exponer su significado oculto: explica sus principios, en breve su diseño, ¡pronuncia una parábola de dolor!

La abeja, pausando antes de embadurnarse el muslo con polen de una malvarrosa cercana, declara que jamás oyó en términos tan justos ¡el problema del trabajo discutido con clarividencia! El asno ramoneando mira arriba y despeja su silbato para decir: ‘¡Un monólogo sobre el cardo!’

Mientras la alondra, descendiendo, pliega su ala e inocentemente pregunta: ‘¿Qué canté?’

¡Oh, parásitos literarios!, que prosperan sobre la fama de hombres mejores, que obtienen su sustancia por succión, como una sanguijuela, y para que ustedes prediquen por ellos, piensan que los maestros predican, quienes encuentran que mitad es ganancia, mitad deleite, escribir sobre lo que ustedes jamás podrían escribir, considerar, rogar, cuán agudas habían sido las angustias del hambre y el desconcierto en aquellos sobre los que ustedes escribirían y hubiesen sido críticos también, ¡y condenados a escribir de nada excepto de ustedes!

¡Sí!, donde la multitud boquiabierta se agolpa en aquella tienda, ¡para ver al león resueltamente inclinado! El presentador tedioso que despliega la bestia se vuelve rico y más rico diariamente en su alabanza. ¿Pero cómo si, para atraer al campesino curioso, el león fuese propietario del show y mostrara al presentador?

 

traducción: Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *