Un sabandija bien alocado

Aquí yace Greer Harrison, un sabandija bien alocado, ¡inquilino tan pequeño de una casa tan grande! El se divertía en la lucha con sus ojos (su puño prudentemente pendiente de una muñeca pacífica) y amaba repantigarse en el monte parnasiano, para chupar su pluma y contar todos sus pulgares, ¡qué poesía hubiese escrito salvo por su falta de habilidad, cuando él había contado, para volver a contar! Compañeros, ¡él ya no trepará la sagrada pendiente para despertar la lira y poner el mundo a dormir! A su absorto labio su alma no brota más y canta como un arrendajo desde un agujero de nudo. Ya no más los hombres de club, en escabeche con su vino, expandirán sus orejas e hiparán ‘¡Eso es divino!’ El genio de su bolso ya no atrae los truenos placenteros de un aplauso pagado. Todo silencioso ahora, no queda ni sonido ni sentido, aunque liberaciones de gusanos mejoran sus sesos. Toda su carencia de talento revertida en la tierra, y la Fama concluye el registro: ‘¡Polvo al polvo!’

 

traducción: Hugo Müller

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