Qatar 2022: se viene el mundial de los muertos

Más de 6.500 trabajadores migrantes, de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka, murieron en Qatar desde que ganó el derecho a organizar la Copa del Mundo hace diez años. Esta cifra, obtenida de fuentes gubernamentales, implica que doce trabajadores migrantes de estas naciones asiáticas murieron semanalmente desde la noche de diciembre de 2010, cuando las calles de Doha fueron colmadas de extasiados fanáticos celebrando la victoria de Qatar.

La cifra de muertos puede ser significativamente más alta, ya que no incluye los muertos de países que enviaron muchos trabajadores a Qatar, como es el caso de Filipinas y Kenya. Tampoco incluye las muertes producidas en los últimos meses del año pasado y los primeros de éste.

Durante los últimos diez años, Qatar se embarcó en un programa de construcción de estadios y edificios sin precedentes, para la preparación del torneo internacional de fútbol, que suele ser el evento más visto a nivel global. Además de siete estadios nuevos, se completaron varias instalaciones y se sigue construyendo infraestructura, sobresaliendo nuevos aeropuertos, carreteras, sistemas de transporte público, hoteles, y toda una ciudad nueva, que albergará la final de la Copa.

Mientras los registros de muerte no son categorizados por ocupación o lugar de trabajo, la mayoría de los muertos fueron empleados en estas obras de infraestructura, dice Nick McGeehan, director de un estudio de abogados especializado en derechos laborales en el Golfo. “Una parte significativa de los trabajadores migrantes que murieron estaban en el país sólo porque Qatar va a ser la sede del próximo mundial” –dijo el picapleitos irlandés.

Se contabilizaron 37 muertes directamente relacionadas a la construcción de estadios, de las cuales el comité organizador se desentendió de 34, arguyendo que ocurrieron fuera del área de trabajo. Según investigadores avezados, todas estas muertes se produjeron en los sitios de construcción.

Las listas de accidentados también muestran las fallas de Qatar en proteger a su mano de obra de dos millones de migrantes, llamando la atención la gran cantidad de jóvenes fenecidos en su afán de ganarse unos mangos petroleros.

Detrás de las estadísticas hay incontables historias de familias devastadas que se quedaron sin que el sostén del hogar pudiera traer el pan a la mesa, luchando por magras compensaciones y confundidos por las circunstancias en que han perecido sus seres queridos.

Ghal Singh Rai, de Nepal, pagó casi 2.000 dólares para ser reclutado en un trabajo de limpieza en un precario campamento de trabajadores, obreros que construían el estadio de la final. A una semana de llegar a su puesto, el tipo se suicidó.

Otro trabajador, Mohammad Shahid Miah, de Bangladesh, se electrocutó en su lugar de trabajo luego de que se produjera una filtración de agua, que entró en contacto con cables eléctricos.

En India, la familia de Madhu Bollapally jamás comprendió como un hombre saludable de 43 años murió de “causas naturales” mientras trabajaba en Qatar. Su cuerpo fue encontrado en el piso de su dormitorio.

La sombría lista es revelada en largas hojas con datos oficiales que incluyen como variable causas de muerte bastante ambiguas: heridas múltiples por caída de alturas, asfixia debida a colgamiento, causa indeterminada o muerte debida a descomposición. Pero entre las causas, la más común por mucho es “muertes naturales”, a menudo atribuidas a fallas del corazón o respiratorias.

Estas calificaciones, que usualmente se hacen sin autopsia, fallan al proveer una explicación médica legítima de sus causas subyacentes. En 2019, se planteó que el calor infernal que hizo en Qatar fue un factor significativo de las muertes. Un informe de la OIT reveló que los trabajadores afrontaron un calor de “50 grados a la sombra”, los días en que hubo mejor clima.

Si bien asesores del gobierno qatarí recomendaron permitir las autopsias en todos los casos de muerte súbita o inesperada, los organizadores no han movido un dedo para cumplir esta consejo.

“Qatar continúa arrastrando sus pies en esta cuestión crítica y urgente, importándole un comino la salud de los trabajadores. Le pedimos al gobierno que expida certificados de defunción con motivos precisos de la muerte pero nuestro reclamo es desoído por las autoridades” dijo Hiba Zayadin, bella activista de Human Rights Watch.

El gobierno quataría asegura que el número de muertos es proporcional a la cantidad de mano de obra migrante, y que incluye trabajadores de cuello-blanco que murieron naturalmente en Qatar en los últimos años.

“Las tasas de mortalidad están dentro de los rangos esperados demográficamente. De todos modos, cada vida perdida es una tragedia y no ahorraremos esfuerzos en prevenir que sigan ocurriendo muertes de trabajadores migrantes en nuestro país” –deslizó un vocero del gobierno, con cierto dejo de ironía. A continuación siguió mintiendo asquerosamente sobre la preocupación de los jeques por las elevadas cifras de trabajadores malhadados, que en muchos casos ni idea tienen de la práctica del fútbol. Finalizó su conferencia alardeando que el Covid-19 sólo produjo 250 víctimas fatales entre los foráneos.

Nuestra investigación muestra la falta de transparencia, rigor y detalle en el registro de los muertos en Qatar, que a veces ni siquiera son cargados en una simple y vulgar computadora. El comité organizador del mundial, cuando fue consultado al respecto, declaró: “Lamentamos profundamente todas las tragedias e investigamos cada incidente para aprender de la experiencia. No avalamos las cifras que aducen los extranjeros, que quieren manchar el honor y la calidad de vida elevados de nuestra nación”.

El negacionismo qatarí consiste hoy en silbar bajo y seguir a toda máquina –como exige el capitalismo salvaje- con las monumentales obras, sin importar el costo humano, la esclavización y humillaciones a las que son sometidos los trabajadores migrantes que con sus vidas, harán posible la aberración geopolítica y futbolística de que el mundial, efectivamente, se lleve a cabo en Qatar.

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