Judas y el mesías negro. En memoria de Fred Hampton

La guerra por apropiarse del legado de Fred Hampton, el carismático líder de los Panteras Negras asesinado por agentes policiales de Chicago y el FBI mientras dormía a los 21 años, ha comenzado. El senador Cory Booker, neoliberal amante de la gentrificación, ex alcalde de Newark, New Jersey, ya ha arriesgado su reclamo. En un embarazoso tuit del 5 de frebrero que aún no ha borrado, en parte lo citó a Hampton:

“Tenemos que afrontar el hecho de que alguna gente dice que el fuego se combate mejor con fuego, pero nosotros decimos que el fuego se apaga mejor con agua. Nosotros decimos que no se puede combatir el racismo con racismo. Vamos a combatir el racismo con solidaridad” #Mes de la Historia Negra

Cualquiera aún remotamente familiar a Hampton advertirá que Booker dejó afuera la siguiente línea de la famosa cita: “Decimos que no vamos a combatir el capitalismo con capitalismo negro,sino que lo vamos a combatir con socialismo”.

Dada la obra de Booker como soldado a pie del capitalismo y la privatización de bienes públicos en Newark, se entiende que intente descontextualizar a Fred Hampton y quitarle su radical política anticapitalista. Cuando el nombre de Hampton se hizo crecientemente popular en Estados Unidos, los esfuerzos por desinfectar su visión del mundo y sus verdaderas teorías deben ser resistidos, especialmente con la larga historia de destacadas figuras de la izquierda que fueron distorsionadas y cooptadas.

Un montón de estadounidenses aprenderán pronto sobre Hampton por primera vez. Una película, Judas y el Mesías Negro, dramatiza su obra como líder de las panteras negras de Illinois antes de su asesinato en 1969. La película es una relativamente precisa representación de uno de los líderes juveniles más importantes de la historia de Estados Unidos. Pero está muy cerca de despojar a Hampton de sus posturas radicales que lo convirtieron en una amenaza suficiente para ser asesinado por “las fuerzas del orden”. Aunque la película es mejor que otros intentos anteriores, haberle quitado al líder su impronta marxista-leninista le hace un flaco favor. De hecho, no sorprende que un rapero comunista de Chicago como Noname, haya desistido de participar en el proyecto.

La película sí pone en claro que Hampton era socialista. Pero en nuestro momento político actual –cuando el término “socialismo” puede significar cualquier cosa, desde la salud universal a controlar a los trabajadores por medio de la producción- es importante comprender y respetar que Hampton tenía una visión muy específica del mundo, y lo que se debía hacer para hacerlo un lugar mejor para vivir, y para morir.

Como todos los Panteras Negras, Hampton no era sólo socialista, sino comunista, y suscribíó todas las teorías del filósofo alemán Karl Marx y el padre de la revolución rusa, Vladimir Lenin. Hampton creía que la gente necesitaba tomar el estado y usurpar el poder y la riqueza de la clase gobernante, y que sólo haciendo eso los estadounidenses establecerían un verdadero gobierno democrático y sistema económico. También creía que una organización de vanguardia, compuesta por los más políticamente desarrollados de la clase trabajadora, podía ayudar a guiar a las masas de gente indignada, y asegurar que no serían dejadas en el camino por líderes reformistas que sólo buscaban mantener el mismo sistema de explotación subyacente.

A diferencia de algunos marxistas-leninistas previos, Hampton y los panteras negras creían que los más pobres de los pobres –los desempleados, los prostituidos y otros marginados del trabajo tradicional- eran los más adecuados para hacer esta revolución. El creía que no necesitamos gobernantes, y que la política electoral no nos lleva a una revolución. Y creía que la raza, el género y la clase trabajaban juntos para mantener a las masas pobres y divididas.

Shaka King, y otros meritorios creadores del film consultaron a la viuda de Hampton, Akua Njeri, y a su hijo, Fred Hampton Jr –para que sus políticas brillaran a través de los lentes de la cámara. Escenas lo muestran liderando cursos de educación política y rechazando reacciones tontas a la violencia policial. Su creencia en organizar a los más pobres de los pobres, el lumpenproletariat, es la razón por la cual se lo ve hablando con pandilleros en salones de pool en vez de a trabajadores en fábricas. De modo similar, su creencia en una revolución de la clase trabajadora multirracial se despliega cuando interactúa con una banda de portorriqueños que se orientó a la organización política, los Young Lords, y Young Patriots, una organización juvenil de pobres blancos que migraron desde los Apalaches. Una de las primeras escenas lo involucra derribando ideas mp spcoañostas de los Black Nationalists, cuya política, argumenta, estaba descarriada y no se dirigía a los problemas materiales reales de la comunidad negra.

Más allá de todo esto, la película debería haber focalizado más a Hampton, su política dentro del partido de los panteras negras, y los excitantes desarrollos de su coalición multirracial Arcoiris. El foco en el FBI y en el informante negro William O’Neal fue util para mostrar la depravación de la agencia de inteligencia pero se pierde en sus vericuetos.

La banda de sonido de la película carece por completo del ethos de los Panteras, y adopta la estética radical utilizada por los capitalistas negros, los artistas que aspiraban a convertirse en capitalistas negros, a quienes Hampton despreciaba. El album incluye una importante introducción de Fred Hampton Jr, y algunos temas pensantes de algunos artistas de valor –desde las viejas cabezas de Black Thought y Rakim a nuevas obsesiones como HER. y JID. Aparte de stas canciones, el álbum recae en el nacionalismo capitalista negro y el habla de la gente negra pobre sin soluciones reales y sustanciales o presente político. Este no es un momento de la historia en que la gente negra pueda ser no-ideológica, sobre todo en una obra que retrata a uno de los líderes más grandes y revolucionarios de la negritud yanqui.

Sé que mi crítica les puede parecer injusta, quizá como una postura donde uno se coloca siempre como “el más radical” ideológicamente hablando. Pero el peligro de la cooptación política es muy real. Lenin mismo se refirió a ello en su obra Estado y Revolución:

“Durante las vidas de los grandes revolucionarios, las clases oprimidas constantemente los han acechado, recibiendo sus teorías con la más salvaje malicia, el odio más furioso y las más inescrupulosos campañas de mentiras y difamaciones. Luego de sus muertes, se intenta convertirlos en íconos inofensivos, para canonizarlos… robándose la sustancia de sus teorías revolucionarias, despuntando su filo revolucionario y vulgarizándolo”.

Estados Unidos continúa promoviendo y celebrando figuras como Albert Einstein, Martin Luther King Jr y Helen Keller mientras oscurecen sus radicales compromisos políticos. Todos fueron, de un modo u otro, socialistas, pero su política radical ha sido adrede borrada de su narrativa histórica.

Debemos asegurarnos que no se haga lo mismo con Hampton. En una era en que las soluciones del capitalismo han probado ser inadecuadas para las tareas fundamentales como prevenir el lento aniquilamiento de la vida en el planeta, y la contención del Covid-19, una plaga que ha matado desproporcionadamente a negros estadounidenses, su política es especialmente invalorable. Y mientras Judas y el Mesías Negro es fantástica como un todo, y hace un gran trabajo para mantener la línea, la lucha por preservar el legado de Hampton apenas ha comenzado. Proteger el hogar de la infancia –protegiendo y ayudando a los panteras y a otros negros radicales que aún tenemos hoy entre nosotros- son sólo modos de comenzar.

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