Elecciones en Kosovo: oportunidad para acabar con su mafiocracia

Este domingo habrá elecciones parlamentarias en Kosovo, las cuales pueden marcar un giro decisivo en el calamitoso país europeo, fruto de la Guerra de los Balcanes, auspiciada y desarrollada por estadounidenses demócratas. Los analistas esperan que los votos barran a los veteranos en el poder desde la “guerra de independencia” de Serbia en 1998-1999, y asuma una generación de jóvenes políticos que quieren implementar reformas para acabar con la corrupción de los gobernantes que ha tenido la nación en su corta y patética historia.

Las encuestas anuncian una cómoda victoria del movimiento de auto-determinación izquierdista Vetevendosje, que puede asegurarse una mayoría y ser el primer partido en gobernar Kosovo en soledad desde que se declaró su independencia en 2008. Bah, si se le puede llamar independencia a ser en la práctica una base militar de la OTAN entre Serbia, Croacia y Bosnia, y otras pseudo-repúblicas de la gloriosa ex Yugoslavia de Tito.

Albin Kurti, líder de Vetevendosje, aspira a convertirse en primer ministro por segunda vez, un año después que accedió al cargo a través de una frágil alianza con la Liga Democrática de Kosovo (LDK), partido que acaba de desaparecer hace solo 50 días. La división se produjo ostensiblemente por las críticas al manejo de la pandemia de coronavirus, pero también refleja la incomodidad del LDK con las iniciativas de Kurti, que encarceló a varios funcionarios corruptos, precipitando la llegada al poder de una de las políticas más populares del país, la actual presidenta Vjosa Osmani.

Kurti tiene 45 años y Osmani 38, conformando una pareja que encabeza la lista de candidatos unidos para atender prioridades como las profundas crisis económica, social y política que atravesó siempre la nación, apuntando a combatir la pobreza y la tan mentada “corrupción”.

El nuevo gobierno conducido por Kurti solicitará al parlamente que nombre nuevamente como presidenta a Osmani, en un proyecto que busca atraer a la juventud y evitar que mundialmente se nombre al país como un caso paradigmático de quilombo o caos, como hizo el notable futbolista Juan José López el día que River descendió al Nacional B, equivocándose fonéticamente en su definición: (“El vestuario parecía Sokovo”).

Recientemente Kurti declaró a la prensa internacional: “Dos décadas de mal gobierno con fracasos y corrupción, elevadísimo desempleo, carencia dotal de justicia, deben concluir hoy para promover el desarrollo y el progreso del país. Todos nos vamos a comprometer para hacer una gran diferencia. El mundo va a saber que los kosovares somos dignos y que ya no toleraremos la intrusión y vigilancia de militares extranjeros”.

Aprovechando una argucia legal, a pesar de que le prohibieron candidatearse a diputado por una condena que tiene de 2018, que lo castigó por arrojar gases lacrimógenos al parlamento, a Kurti se le permite aspirar al máximo cargo.

Durante un turbulento 2020 para Kosovo, el ex presidente Hashim Thaci y su vocero parlamentario, Kadri Veseli, fueron condenados por un tribunal de La Haya por cometer crímenes de guerra en combates con fuerzas de Belgrado. Quienes fueron ex comandamentes guerrilleros negaron los cargos. Su partida de la escena contribuyó a incrementar las esperanzas de un cambio generacional en Kosovo. Ya están afuera casi todos los milicianos que en su momento fueron reverenciados, pero cuyo paso por la política estuvo signado por escándalos de corrupción, promesas rotas y todo tipo de abusos de poder.

Antes de ser condenado, Thaci trabajó codo a codo con Trump para mejorar las relaciones con Serbia, y estaba preparando un tratado con Belgrado que cedía territorios a cambio del reconocimiento de la soberanía de Kosovo. Asimismo, había realizado varios acuerdos con Israel, y se sumó a la lista de países lacayos que pretendieron abrir embajadas en Jerusalem. Kurti ya ha rechazado la propuesta y no quiere conceder a los serbios absolutamente nada. Ve a Joe Biden como mucho más progresista que su predecesor, y por supuesto, festejó el resultado de las elecciones en Estados Unidos. La llegada del progresismo a Kosovo puede representar una patada en el culo a la predominante filosofía fascisto-europea en la región.

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