Dos espectáculos

El animador (¡bendiciendo de mil formas!), ¡Desfile de una ‘Escuela de Monos Educados’! Yo opino, los necesitados de escasa educación o ingenio innato, para hacer que un mono brille, el bruto exhibido no tenía nada para hacer, excepto remedar a los grandes monos que vienen a ver al gorila con su horrible mueca, labio superior largo y furtivo, arrastrando los pies, recuerdos significativos del tiempo en que los cazadores, no los policías, lo hacían trepar, la dama holgazana haciendo cola con su rastro, aquella libre traducción de una antigua historia, el arenoso cuadrúmano en traje peludo, con talones y pulgares pervertidos por la caña, la actriz pintada lanzando la trocha a artistas más viejos de la escena silvestre, probando que en tiempos de la inundación de Noé, dos pieles de mono sostuvieron toda su sangre de profesión, el crítico esperando, como una marioneta hambrienta, para escribir a la escuela, quizás para comérsela, por casualidad o suerte la ocasión se puede revelar, para ganar un dólar o merodear una comida. Estas criaturas van a ver la escuela de monos, inconcientes de que ellos mismos son la mitad del espectáculo. Estos, si el simio sólo puede recortar su curso, para copiarlos como ellos lo copiaron a él, lo llamarán ‘educado’. De una verdad hay mucho por aprender por el estudio de la posteridad.
traducción: Hugo Müller

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