A los felices sabuesos de caza

Amplias rachas ventosas de campo de rastrojo alto, un largo camino gris, bordeado con pinos polvorientos, un vagón moviéndose a ‘una nube por día’. Dos deportistas de la ciudad con una paloma entre ellos, pecho alto sobre una valla y rápido dormida una paloma solitaria, la única paloma en veinte condados, y está enferma, o de otro modo no estaría allí. Dos escopetas que disparan como una, con trueno simultáneo y fuerte, ¡dos frustrados estragos humanos de sangre y hueso! Y más tarde, en el crepúsculo, viene un hombre, es el digno coronel local, reconocido en todos los alrededores, y popular entre muchos que permanecen. Todos tiernamente recopilando los escombros en una bolsa de juego, él se desliza en la penumbra y se desvanece de la vista. La paloma, curada de su dolencia por el shock, ha volado, mientras tanto, sobre alas fuertes y ligeras, la muerte de edad en alguna lejana tierra extranjera.

 

traducción: Hugo Müller

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