Un obituario

Muerte, el poeta Pickering sentado en su escritorio, envuelto en apropiada penumbra, su postura era pensativa y pintoresca, como un cuervo encantando a una tumba. Ingresa un individuo, tomando la copa de la lástima, e igualmente del dolor: ‘Alguna poesía desgarradora, inténtelo Señor, toda escrita en clave de O. Mi vieja mujer ha llamado a los ángeles desde aquí, desde el esfuerzo (cuando ella se ajustaba poderosamente libre). ¿Es un níquel la línea? ¡Condenadas expensas!, porque la riqueza es ahora poca para mí’.

El Bardo de la Mortalidad lo atravesó con una mirada del modo más punzante: ‘Es demasiado para mí aunque es poco para usted, tomaré una esposa hoy’.

Entonces él retorció la cola de su vaca mental y la hizo derramar su flujo. La pena de aquel bardo era prolija de algún modo, había resmas y resmas de aflicción.

El hombre viudo que había enterrado a su esposa puso cada branquia como el lirio, porque ella giró en su tumba y regresó a la vida, ¡entonces él, cruel, ignoró la cuenta!
Entonces con lástima ella abrió sus puertas, como también lo había hecho el dolor, y la canción de la muerte del poeta, como es escuchada adentro, es cantada en clave de O.
traducción: Hugo Müller

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