Un líder de la sociedad

‘¡El mundo social!’ Oh, qué mundo es donde hombres completamente crecidos cortan cartas en el Alemán, Cotillón, waltz, o lo que quieran, ¡y zumban, y giran y brincan y se esparcen como tritones!
Me pregunto si nuestro futuro Grant o Sherman, así como pasan su tiempo estas juventudes, está pasando el suyo si las águilas siempre vienen de huevos pintados, o hazañas de armas suceden a hazañas de piernas. Sé lo que nos contaron sobre Waterloo: Cómo, la lucha principal cae en los danzantes de la tarde. No lo creo: recuerdo en verdad que aquellos soldados que son habilidosos en ‘los lanceros’ mueren con menos frecuencia de cañón que de cánceres. Más aún, estoy medio persuadido, también, que David, cuando danzó delante del Arca tenía la palabra del reportero para conservarla oscura.
Ed Greenway, te fatigas. Tu odioso nombre como rulos de doncella, está en los periódicos diariamente. Piensas que es, sin duda, fama honorable, y contemplas la barata distinción alegremente, como el mono ante la cola pintada de azul que piensa viniendo hacia él. Es lo mismo con los hombres como con otros monos: todas sus almas anhelan eminencia en cualquier tipo de lances. Pero los cínicos (¡tribu ladradora!) todos concuerdan que monos sobre lanzas realizando cabriolas no son exaltados, sólo son ahuyentados.

Una gloria que es encendida por los periódicos es transitoria como los vapores fosforescentes que brillan en cementerios y son vistos, incluso, pero mientras los cuerpos que suministran el gas se tornan en malezas para alimentar un burro.

Uno sólo puede preguntarse a veces cómo se siente ser un burro, una bestia que golpeamos dignamente porque, como la de ustedes, su vida está en sus talones y se inclina a usarlas maliciosamente. Las damas (¡benditas sean!) dicen que ustedes danzan divinamente. Aunque me gusta mejor San Vitus, que maneja sus pies a su alrededor con una gracia más justa, y brinca, no por su voluntad, sino porque debe hacerlo.
Indudablemente les gratifica observar muchachas con codos y mamas adiposas, todos mirando adoración mientras se desvían aquí y allá, pero prósperos papás se ríen de ustedes en sus mangas, y sus jajas, si se escuchan, de algún modo agitan sus nervios. Y damas y doncellas que los mantienen en sus estantes no parecen desear un lazo más cercano para ellas. ¡Dioses, qué vida viven! Por el día un esclavo para sus exigentes espaldas y urgentes barrigas, intención de ganar y vigilante para ahorrar, de noche, vestido tan agradable y tan oloroso, con el semblante tan luminoso como gelatina, ¡meneando y arqueando! Rey de corazones y sota de diamantes, apuesto un ladrillo de plata si los cerebros fueran triunfos de los que jamás tomaría un truco.

 

traducción: Hugo Müller

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