T.A.H.

Sí, él era esto, o aquello, como prefieran, hizo esto y eso, aunque, fe, no lo era del todo, vivió como un loco, o un filósofo, y tuvo todo lo necesario para una caída. Mientras torpes inflexiones se fusionan en un planeta, en la verdadera inclinación de la esfera gigante, no para arruinar el perfecto círculo de su borde, así en el examen de su valor las pequeñas asperezas de su espíritu desaparecen, perdidas en las curvas más grandes del personaje. Tardíamente él fue golpeado duro, nadie supo salvo yo la fuerza y el terror de aquel espantoso golpe, ni siquiera ella. El no pronunció un grito, pero acomodó sus dientes e hizo una juerga, tomó como el diablo, manchando de rojo a veces el borde de la copa, jugó a los dados con su conciencia, esparció, como Sísifo, un festín para la muerte, y habló su bienvenida en una lengua olvidada hace tanto que hasta sus ancianos invitados no recordaban qué raza lo había maldecido en ella. Así, mis amigos, aún conjugando con cada sentido fallando, el verbo “morir” en cada modo y tiempo, persiguió a su espantoso humor hasta el fin. Cuando, como un amanecer tormentoso, el carmesí rompió desde sus labios blancos, él sonrió y mudamente sangró, y, habiendo vivido mezquinamente, está grandiosamente muerto.

 

traducción: Hugo Müller

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