Azrael

La luna en el campo del arado de la quilla, el principal estaba observando la marea creciente: un luminoso campesino estaba conduciendo su carro, y le ofreció un paseo a mi alma. Pero yo alimentaba una pena infrecuentemente alta, y lo fijé rápido con mis ojos. ‘Oh, campesino’ canté con caída desfalleciente, ‘ve, déjame para cantar y morir’.

El agua estaba bañando mis pies, tan tirados en la playa estaban. Yo canté mi muerte, cante alto y dulce ‘¡’Kioodle, ioodle, iay!’
Entonces escuché el silbido de orejas erectas que capturaron aquel esfuerzo encantado. El océano estaba hinchado con tormentas de lágrimas que caían desde el cisne brillante.
‘Oh, poeta’, salté a la arena empapada, aquella canción encantadora haría un santo de un diablo’. El mantuvo su mano afuera y solemnemente agregó: ‘Muévanse’.

Nos conmovimos. ‘Anhelo una víctima, ustedes verán’ dijo él, ‘vinieron aquí para morir’. El Angel de la Muerte, ¡era él, era él! ¡y la víctima que anhelaba era yo!
Era yo, Fred Emerson Brooks, el bardo, y él me golpeó en la cabeza. ¡Oh Señor! Lo pensé excesivamente duro, porque no quería estar muerto. ‘No cantarás peor por eso’ dijo él, y me condujo con mi alma afuera, oh, cantores de canciones de muerte, estén advertidos por mí, ¡Kioodle, ioodle, iay!

 

traducción: Hugo Müller

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