Arboricultura

Puedes decir que nunca crecerán, y decir que decaerán, dílo de vuelta hasta que estés enfermo de decir, levanta tu oreja, sopla tu estridente boca y contrata un salón para proclamarlo, y puedes pararte en un poste con una mano levantada, como se pararía un pino o se yergue una secuoya, apegado a tu historia y a través de las mejillas. Pero señalo con orgullo a lo lejos, donde la serpiente se desliza desde sus arboledas a la suite arbórea de la mariposa, y los peludos hombros de Shasta Butte, y los emplumados abetos de Siskiyou; y juro mientras me siento en mi maravilloso cabello, giro mis maravillosos ojos y juro, y me burlo, ¡y pregunto donde estarían sus bosques hoy si no estuvieran para mí! Luego me levanto en punta de pies, con una frente de bronce, como un chico matón con un ojo de vidrio, miro mis brotes gomosos, rojos y azules, y lo digo alto y lo digo bajo: ¡ellas conocen a su hombre y apuesto que crecerán!’

 

traducción: Hugo Müller

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