Una demanda

Prometiste pintarme un retrato, querido Mat, y yo te pagaría en rimas. Aunque soy reacia a infligirte más comodidad de conciencias, soy de la opinión de que mentir es espantoso, y romper un contrato ilegal, imputable, también, como un crimen, uno ligero y todo aquello.
Si, señora Descomunal, cualquiera de las llamadas por los mortales piedad tiene parte en su alma obstinada, si el centavo que cuidas por la salud de mi corazón, realizando tu emprendimiento, socorrerás a aquel órgano de romperse y guardarlo para algún nuevo inteligente, como una liebre hace una rata.
Piensas que es muy bueno, querido Mat, negar mis derechos aún más y, ¡te bendigo!, si comienzo sumando tus pecados, ¡ellos harán un gran puntaje!

Nunca fue generosa, señora, si hubiese sido Eva y yo Adán, no me hubiese dado nada salvo el corazón, y poco de aquello.
Si me hubiese contentado con un Tiziano, un gato por Landseer, un prado de Claude, sin duda hubiese tenido su permiso para tomarlo, por compra al extranjero. ¿Pero por qué debería navegar sobre el océano por Landseers y Claudes? Tengo una noción, es todo malo lo que los críticos alaban. Deseaba un Mat.
La presunción es un pecado y sufro por ello: pero aún tú dijiste aquello alguna vez, si te pagaba suficientes (aquí es más que suficientes) rimas me pintarías un retrato. Te pago aquí por adelantado y te ruego condones, mientras puedas, tu crimen, y me envíes un Mat.
Pero si no lo haces te advierto, querido Mat, haré tal clamor y lloraré en el Parnaso, las musas te despreciarán como burlador de poetas y volarán con amargas quejas a Apolo: ‘Su espíritu es orgulloso, su corazón vacío, ¡su belleza, ellos difícilmente la negarán, en segundo pensamiento!’

 

traducción: Hugo Müller

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