Los hombres de Estado

Cuán bendita la tierra que cuenta entre sus hijos a tantos buenos y sabios para ejecutar grandes hechos de lengua cuando emergen problemas.
Véanlos montando cada tocón, cuidando por el discurso nuestra libertad. Observen su coraje, ¡véanlos saltar y venirse abajo duramente!
‘¡Levántense, levántense!’ cada grito fuerte, ‘y aprendan de mí lo que deben hacer para apartar la nube tormentosa, el terremoto también’.

‘Cuidado con las artimañas de aquel charlatán que atiborra los oídos de todos los que pasan. Yo, yo sólo puedo mostrar que el negro es blanco como la hierba’.
Gritan a través de todo el día y rompen el silencio de la noche también. Ellos harían –desearía que vayan y lo hagan- del Cielo un Infierno.
A aboga por la plata libre, B libre comercio y C libres leyes bancarias. Libre pensión, indumentaria y alquiler ganarían de mí cálido aplauso.
Sí, D elevó su voz: ‘Vean, la tasa simple sobre la tierra caería sobre todos igualmente’. Más justo ningún impuesto en absoluto.
‘Con papel moneda’ bramó E, ‘todos seremos ricos como nobles’. Sin duda, y el más rico del lote será el tipo sin papel moneda.
Como varias ‘curas’, como ingenios confusos, ¡que desconocen lo que es la enfermedad! Mientras tanto el paciente hace espuma y escupe como un gin efervescente.
Compañeros, pobre Cuerpo Político, su destino también está claramente leído: para no estar todos juntos rápido ni varios muertos.
Tomen su ejercicio en retorcimientos, su descanso entre ataques de desmayo. ‘Está llano que sus gusanos del desorden, se arrastran gordos y delgados. Capital gusano, labor gusana vive dentro de su mirada de músculo y fauces. Sus batallas hicieron de su vida un Infierno, su muerte una esperanza.
¡Dios no los envió a buscar un fin como éste a sus enfermedades, no importa cuán graves y agudas! ¡Dios les envía convalescencia! Dios envía su vermífugo.

 

traducción: Hugo Müller

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