El hombre nacido ciego

Un hombre nacido ciego recibió su visión por una dolorosa operación, y éstas son cosas que él vio a la luz de una observación infante. El vio a un mercader, bueno y sabio. Y grandioso también, respetado, que miraba a aquellos ojos imperfectos, como un estafador no detectado.

El vio a un patriota dirigirse a un ruidoso encuentro público. Y dijo: ‘Porque, aquello es un ternero. Supongo. Porque está balando por el pezón’.

Un doctor se paró junto a una cama y sacudió su cumbre tristemente. ‘¡Oh, vean a aquel asqueroso asesino!’ dijo el hombre que vio tan malamente.

Vio a un abogado suplicando por un ladrón a quien habían enjaulado, y dijo: ‘Ese es un cómplice, o mi visión está fallando nuevamente’.

Sobre el estrado se sentó una Justicia con nada para contenerlo, ‘es extraño’ dijo el observador, ‘que se aventuren a desencadenarlo’.
Con obras teológicas suministradas, él vio a un predicador solemne, ‘un ladrón con su equipo’ gritó él, ‘para robar a una criatura igual’.
Luego él vio a un granjero brusco y viejo vender producto en un pueblo, y dijo: ‘¡Qué, qué! ¿no hay ley que penalice a los hombres por pillaje?’ Una dama, alta, linda y majestuosa, pasó, cuyos varios encantos unidos él agradeció a sus estrellas que su destino estuviera dispuesto donde los sepulcros estaban blanqueados.
El vio a un soldado rígido y severo, ‘lleno de extraños juramentos’ y ponche, pero era incapaz de discernir una herida sobre su cuerpo.
Diez leguas de tierra ondulada pertenecientes a un gran hombre parecían como un pequeño montículo de hierba con gusanos amontonándose debajo.
Piedras bien talladas de un palacio, donde los picados viven contentos, parecían construidas a través de huesos humanos con sangre humana cementada.
El observó el brillante hilo amarillo, un gusano de seda estaba girando, ‘aquella criatura está acuñando oro’ dijo él ‘para pagarle a alguna chica para pecar’.
Sus ojos estaban tan sombríos y fuera de entrenamientoa todas las políticas, religiones, artes, ciencias, aparecían ante él como modos de desplumar palomas.
Y así el condujo su aliento final, y pensó que veía con lástima a algunas personas llorando por su muerte, que podrían ser todas sonrisas mañana.
traducción: Hugo Müller

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