Sustancia versus sombra

Entonces, gentiles críticos, me harían inclinar, no ante el culpable, ¡sólo ante la culpa! Dejar al ofensor y condenar el delito, ¡y hacer la vida miserable para fingir! “Azota el vicio y la locura, eso es el uso de la sátira, pero no sean personales, porque eso es abuso, ni jamás olviden lo que, como una navaja dispuesta, hiere con un toque que no es sentido ni visto”.
Bueno, amigos, me aventuro, destituido de temor, a pensar que aquella navaja no es sino una sierra, una vieja sierra, un poco oxidada, y una herida, estoy seguro, que no se sintió, ni vio, bien puede durar. ¡Vayan, vayan!

Están tan desajustados para aconsejar a los escritores cómo escribir. Encuentro en la locura y el vicio una falta de cabeza para golpear, y para el látigo no hay espalda, mientras Pixley tiene un poder que es fácil de golpear, y aunque el buen diácono Fitch (¡un hurón por suerte!) no tiene nada, aún, a menos que vaya enteramente libre, Dios le dio un callo, un tacón para mí. El, también, pone su rostro (así como un pedernal el asombro crece de que Pickering no se despelleje) con fría austeridad, contra aquellas guerras a bribones, ¡es la bribonería lo que él aborrece!

Contemplo avance en dignidad y estado, grave, cómodo, sereno, indudablemente grandioso, ¡Stanford, filántropo! Una mano concede en limosnas lo que para otra debe la justicia. La bribonería lo asiste como una sombra, pero cierra, sin heridas, sobre mi espada desconcertada, sus miembros intactos, el espíritu imperturbable. ¡Fe! Yo puede estar hecho para sentir algo si, como Pelides, sólo en el talón. El alma del tipo invita al asalto, ¡cada uno de sus crímenes lo cargará veinte mil veces!

Luego el credo Haymond, pero la lista es larga de nombres para señalar la moraleja de mi canción. Bandidos, locos, impostores, sicofantes, ellos se levantan, ellos envilecen la tierra y horrorizan los cielos con el señor Huntington (el único hombre honesto del hedor de aquel clan malicioso) ¡denunciando el robo tan duro como jamás lo han de hacer!

 

traducción: Hugo Müller

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