Montefiore

Vi –fue en un sueño, la otra noche- un hombre cuyo cabello con la edad estaba blanco y delgado, cien años había superado desde su nacimiento, y aún su paso era firme, sus ojos eran brillantes.

Ante él y a su alrededor presionaba una multitud. Cada cabeza en reverencia estaba descubierta e inclinada, y judíos y gentiles en cientos de lenguas exaltaban sus obras y en voz alta proclamaban su fama.

Yo me uní a la multitud y, empujando hacia adelante, grité “¡Montefiore!” con el resto, y competí en los esfuerzos por acariciar la mano que jamás por el valor y deseo la caridad había negado.

Tan cerca de él pululaba nuestro clan vociferante que apenas podía respirar, y, tomando de una taza una moneda brillante, la lanzó sobre nuestras cabezas, ¡y en un momento era un hombre solitario!

 

traducción: Hugo Müller

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