Las transmigraciones de un alma

¡Qué! Pixley, ¿debo escucharte llamar la lista de todos los vicios que infectan tu alma? ¿No fue suficiente que últimamente berreaste tu adoración por el dinero en los oídos de todos? ¿Aún debes romper tu bronceada mejilla para contar que aunque eres miserable, eres un imbécil también? ¿Aún debo escuchar cuán bajo se ha hundido tu gusto por obtener dinero para emborracharte?
Quien adora al dinero, condenando a todo lo que está al lado, y muestra sus callosas rodillas con pío orgullo, habla con mitad de conocimiento, porque ningún hombre jamás ha despreciado sus propias posesiones, sean monedas o callos.  Tú tienes dinero, vecino, sabías que eras de cuna gentil, como ahora nunca tendrás su mérito.
Tienes dinero, el aprendizaje está más allá de tu alcance, sordo a tu envidia, obstinado a tu esperanza. pero si sobre tu cabeza inmerecedora, la ciencia y las letras tuvieron su glorioso derrame, si en la caverna de tu calavera la luz del conocimiento brilló donde ahora la eterna noche cría al ciego, gordito, nada de grasa de vapor, de la celebreación que piensas que son pensamientos, cuelgan murciélagos negros en fríos y tristes rincones que chirrían y balbucean cuando mueves tu lengua, no escibirías en defensa de la Avaricia, una sensible elegía sobre la falta de sentido, ni mostrarías tu ansiedad por sacrificar todas las nobles virtudes a un vicio despreciable.
Tienes dinero, si tuvieras modales también te avergonzarías de alardear de tu debilidad o la bajeza de tu nombre. Aprecia las cosas que tienes, pero no midas las cosas negadas a tu destino infeliz. El valora los modales más ligeros que un corcho, quien peina su barba en la mesa con un tenedor. Liebre para buscar el pecado y tortuga para abandonarlo, las leyes del gusto te condenan a riesgo de expiar, donde todo el mundo pueda ver, el crimen de envejecer desgraciadamente.

Religión, aprendizaje, nacimiento y modales también, todo lo que distingue a un hombre de tí, reza, maldita sea, a voluntad: todas las virtudes brillantes ganan un lustre adicional del desdén de un bribón. Pero perdona a los jóvenes aquel pecado proselitista, la apoteosis de gin de un bebedor. Si no nuestros jóvenes, ¡al menos nuestros cerdos deberían reclamar la exención del espectáculo de vergüenza!
¿No eres aquel que tardíamente fuera de forma sopló una trompeta para denunciar a la uva? ¿Quién condujo a los valientes abstemios al campo y asesinó a su líder debajo de su escudo? ¿Juraste que ningún hombre debería beber a menos que él se lanzara a través de tu cuerpo en el tapón? ¿Quién juró si bien tendrías el poder del Hijo de Dios para hacer vino del agua?
Caminaste y alardeaste todos los caminos al odio, te enamoraste de los más sucios.
Un día apiras a ser un miserable, al siguiente a revolcarte borracho en el fango, el tercero, ¡sí, eres un meritorio mentiroso! Ruego, en el catálogo de todas tus gracias, ¿no tienen el robo y la cobardía lugares de honor?
Ríndete, gran Satán, ¿aquí hay un nombre rival con todos tus vicios pero la mitad de tu vergüenza! Rápido a la letra del precepto, rápido al ejemplo del viejo Nick, con tan gran talento como siempre fue aplicado para engañar a un maestro y nublar a un guía, con floja lealtad y codicia ilimitada, para destripar el beneficio de una hazaña de traidor, él apunta a hacer tu gloria por sí mismo, ¡y atiborra a su amo desde el trono infernal!

 

traducción: Hugo Müller

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