Giuliani y la tintura delirante

Mientras se paraba bajo las luces, las gotas y ondas de tintura oscura surcando su rostro, Rudy Giuliani, el abogado de Trump, habló de una gran teoría conspirativa, y preguntó: “Posiblemente no vayan a creer que Smartmatic, la compañía que realizó la maquinaria para la elección, era una aliada de Hugo Chávez, y es una aliada de Nicolás Maduro, y una aliada de George Soros. ¿Qué debemos hacer para llevarlos a la verdad?

La alegación era una de tantas frases plagadas de sandeces y delirios de esa estirpe, en la conferencia de prensa de 90 minutos que dió ayer el fanático de la “mano dura” y la “tolerancia cero”.

Giuliani, quien para encarar su carrera política ni se molestó en quitarse su nombre mafioso, era un celebrado alcalde de New York cuando volaron las torres gemelas, y hoy es el más tenaz defensor de Trump, y jefe promotor de todas las mentiras y barrabasadas que lanza siguiendo el panfletario guión de los profetas de QAnon.

En la bizarra conferencia, que se convirtió en un espectáculo patético cuando la tintura del cabello de Giuliani comenzó a oscurecer las gotas de sudor que corrían por sus mejillas, asegurándole nuevamente la portada de toda la prensa local e internacional.

La cruda exposición de su obcecación e idiotez simboliza los ridículos esfuerzos de Trump por “dar vuelta” la elección. Es el principal líder de la estrategia trumpista, y sus años de mafioso impune le han ganado muy buenos contactos en todos los estrados judiciales estadounidenses. De todos modos, de las aproximadamente 50 acciones legales emprendidas ya perdieron 40, en 5 abandonaron antes de las sentencias (para no pagar los costos), y en otras 5 revisaron sus propias acusaciones y se muestran poco optimistas.

Los analistas sostienen que matemáticamente las posibilidades de Trump son nulas, y que simplemente quiere horadar la credibilidad del sistema democrático, sin importarle otra cosa que asegurarse impunidad en los juicios por venir y que le permitan seguir extorsionando a Dios y medio mundo, bah, manejar sus negocios mafiosos, por supuesto, con Rudy al lado. Y es que Trump está feliz con el trabajo de Giuliani, y su infatigable entusiasmo. Ya tuiteó en varias ocasiones que el ex alcalde es su ídolo, siendo la única persona del entorno que lo anima a persistir en la negativa de concederle la victoria a Biden.

Y es que ambos comparten una larga amistad, no exenta de encontronazos y traiciones, llamados a declarar, y pagos de favores con cocaína y prostitutas. Ambos comparten el vicio de la publicidad, y sus historias amorosas llenan con frecuencia las páginas de los tabloides neoyorquinos. Como Trump, Giuliani se casó tres veces. Compran las tinturas de sus cabellos en el mismo proveedor coiffeur.

Giuliani abrazó la causa trumpista en 2016, con la expectativa de ser secretario de estado. Fue su más firme aliado durante toda la presidencia, e incluso viajó a Ucrania para recoger material sobre los actos de corrupción de su competidor,  who ran for the Senate earlier in his career, threw his lot in with Trump in 2016, un viaje que podría haber provocado el juicio político a Trump, y por el cual fueron condenados dos asistentes-espías de Giuliani.

En permanente contacto con otro sostén espiritual de Trump, el internacionalista de ultraderecha Steve Bannon, quien recientemente padeció el cierre de su cuenta de Twitter por denigrar al virólogo Anthony Fauci.

Esta semana Giuliani negó que estuviese defendiendo a Trump por 20.000 dólares el día. En la medida que la estrategia siga acumulando fracasos, van a continuar las deserciones de las firmas de abogados. De cualquier modo, mientras parece caer la cortina de la presidencia de Trump, Giuliani no da muestras de abandonar a su compañero de juergas y estafas colosales.

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