El valle de la sombra del robo

En la bella Yosemite, aquella guarida de ladrones donde los esbirros de la luna dividen los bolsos de los viajeros, ¡sí!, el diablo se lamenta, su dividendo más grande como líder aún denegado.
El Capitán, previendo que su reino podría ser disputado también, nubló su cabeza. El alegre velo nupcial es desgarrado en dos y cuelga en vez allí el vaporizador de crespón.

El otoño vernal reduce su placentera velocidad y hesita para tomar la zambullida final, porque le llegaron rumores que otra codicia le espera en el Valle de la Esponja.
Los Hermanos envidian la armonía de mente y paz de propósito (deplorada por los buenos como honor entre Comisionados), que unió a la confraternidad del crimen, la Mesa.
El Medio-Domo inclina su cabeza desgarrada para llorar pero no como antes porque despojado: sueños proféticos lo afligen cuando está dormido de perder la mitad de sus restos por robo.
¡Bribones ambiciosos! No tienen en el césped superior suficiente espacio para cada crimen que se arrastra, ¿pero deberían saquear los palacios de Dios y embadurnar sus sucios nombres sobre los muros?

 

traducción: Hugo Müller

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