El pueblo malvado después de Goldsmith

¡Dulce Auburn! La ciudad más animada de la llanura, donde la salud y la calumnia dan la bienvenida a cada tren, de donde la inocencia sonriente pagó su tributo, se retira en terror, herida y espantada, queridos adorables fanáticos del chisme y la enfermedad, cuyo clima cura aquello que tus damas pueden molestar, ¡cuán a menudo me arrodillé sobre tu verde y recé por la muerte para mitigar su hastío! Cuán a menudo me detuve en cada encanto con mezcla de alarma y admiración, el arroyo que corre junto a varios escándalos de molino, la iglesia cuyo pastor gime sobre la parrilla, el arbusto de espinos con asientos bajo la sombra, donde los corazones son conmovidos y las reputaciones desolladas, cuán a menudo deseé tus esposas ociosas, algún día, podría jugar más a las cartas, menos al diablo. ¡Retiro maldito! Antes de que mi vida decline (matada por detracción) puedo atestiguar la tuya. Cuán feliz ella que, rehuyendo sombras como aquellas, encuentre en una guarida de lobo mayor paz y comodidad, quien abandona el lugar de donde la verdad voló anteriormente, ¡y más que regresar prefiero morir! Por ella las doncellas celosas no renuncian a su sueño, tramando malicias para hacerla llorar, damas con cara de acero no debatirán su carácter, y desprecian la misericordia implorante desde la puerta, pero abajo ella se encuentra para un fin más pacífico, porque los lobos no calumnian, aunque hunden pedazos de comida en sus fauces, una presa dispuesta, mientras la resignación lubrica el camino, y todos sus proyectos resplandecen al fin: para los lobos, no las mujeres, una comida aprobada.

 

traducción: Hugo Müller

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