El estadista moribundo

Es un hombre político, él se aproxima a su fin, y los amigos lloran alrededor de aquel partisano, amigo de cada hombre.
Entre los conocidos y desconocidos él yace en la franja, la luz es lanzada sobre el mar que yace sobre la tierra.
Brilla en su ojo vidriado, arde sobre su rostro, Díos envía eso cuando vamos a morir, ¡conocemos aquella señal de gracia!
Sobre sus labios su duende bendito balanceó su ala alegre. ‘¿Cómo fue contigo, niño de luz, escuchas el canto de los ángeles?’
‘Escucho la canción, veo la corona y sé que Dios es amor. Adiós, mundo oscuro, ¡tengo que hacer un posgrado arriba!’
Para él ningún arco monumental pero ¡oh, es bueno y valiente para ver la marcha del Gran Viejo Partido a la oficina sobre su tumba!

 

traducción: Hugo Müller

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