Economía política

‘Le ruego que anote’ dijo un hombre a un ganso, mientras arrancaba de su pecho el plumaje todo suelto, ‘aquellas almohadas y almohadones de plumas y camas tan cálidas como corazones de doncellas y tan suaves como sus cabezas, aumentan la suma general de comodidades de la vida que alza el estándar de vida’. ‘Ven, ven’ dijo el ganso, impacientemente, ‘cuéntame o termina, qué ventaja tiene eso para los gansos’. ‘¡Qué, qué!’ dijo el hombre, ‘¡eres muy obtuso! ¿El consumo no beneficia a aquellos que producen? ¿Ningún bien por acumular para suministrar de una expansión, grande, progresiva, todo alrededor, de la demanda? ¿Los hábitos lujosos no traen beneficios a aquellos que proveen la cosa lujosa? Considera, te lo ruego, mi amigo, cómo promete el crecimiento del lujo’. ‘Promesas’ citó el sufriente, ‘¿qué, en qué moneda se comprometió a pagarme por ser tan frecuentemente defraudado?’ ‘Acostumbrado’, esta noción expresó el desplumador mientras arrancaba un puñado de su pecho, ‘a un tipo de lujo la gente pronto ansía para otros y siempre por otros a su turno, y el hombre que esta noche descansará en tus plumas, su cordero o tocino o bife por digerir, su hambre mañana deseará saciar cenando un ganso con un aderezo de salvia’.
traducción: Hugo Müller

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