Al asesino de tontos

¡Ah, bienvenido, bienvenido! Siéntese, viejo amigo, serviré su pipa, atenderé su botella. Pasó más de un año desde que usted y yo conocimos una sociedad más placentera que la nuestra en nuestros breves respiros del excesivo trabajo, yo señalándole corazones para que usted apuñale. ¿Qué ha hecho últimamente en esta caja en la que hemos envasado los postres de toda la horda, y elegimos los nombres que mejor agradarían a la gente, sepultamos en ataúdes, platos, qué pecho saltarín daría más satisfacción si en descanso? Pero jamás se preocupe, el registro no puede fallar: los monumentos más altos contarán la historia.
Confío en que antes que nos volvamos a encontrar usted asesinará al tipo que llama al viejo Tyler ‘Juez’ y Merry ‘Capa’ llama a John P. Irish ‘Coronel’ y John P.,cuyo sobrenombre Jack, el hijo habla su pedigrí, por el mismo título, hombres de igual rango aunque uno es todo pecho y uno todo tallo, mostrando sus varios servicios en la refriega: uno peleaba por comida y uno por escapar. Espero, digo, tu matarás al hombre de ‘título’ que ensilla a uno en cada espalda que puede, ¡luego lo cabalga desde Beersheba a Dan! Otro loco, confío, usted ejecutará su oficio mientras se caliente mi resentimiento: él sacude mi mano doce veces por día si, desafortunadamente, tan a menudo cruzo su camino, aunque tengo tres sentidos además del tacto, para hacerme conciente de un tonto son demasiados. Búsquelo, amigo asesino, y aparente su propósito cuando tome su mano culpable, ¡y déjelo temblando con una solemne ‘Sacudida’!
Pero el jefe de toda la huera tripulación concedido por la Liga del Verdugo para usted, el tonto (su madre es conocida de un bellaco) cuya pluma fluida, de su esclavo sin cerebro, esparce notas de introducción sobre la tierra y lo llama hospitalidad, su mano puede atrapar su parálisis antes de que consigne para mí, su amigo, ¡como yo al Infierno la mía! Apiádase del desgraciado, de sus defectos, cualesquiera sean los que vea, al cual A acredita a su víctima, B. Como en el juego del bádminton (uno acelera la raqueta hacia adelante, uno debe conducirla de vuelta), el confiado simplón es doblemente desdichado, una rara buena liberación, un invitado que no es bienvenido. El complacido consignador frota sus manos por pensar cómo el deber es conmutado en tinta, el consignatario (no puede frotar sus manos, tiene al hombre sobre ellas) murmura: ‘¡Novato!’ Y derecho planea perderlo en el Club. Usted sabe, buen asesino, donde mora este tonto, la jungla secreta donde él escribe y se oculta, aunque ningunos pies exploradores jamás han agitado al infatigable rebaño de su elefante humano. ¡Vaya, traiga su sangre! La beberemos, dejando caer una debida libación a los dioses de la bilis. En segundo pensamiento, los dioses pueden tomarla toda.

 

traducción: Hugo Müller

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