A un guerrero de la palabra

Frank Pixley, tú, que besaste la mano que se esforzó por cortar la garganta del país, no puedes perdonar las manos que hirieron aplaudiendo en una tierra distante, aplaudiendo descuidadamente, como uno, el más débil, dispuesto a ser amigo hasta que la batalla en un extremo, luego aprendió de quien la comenzó.

Cuando el Norte se enfrentó contra el Sur, los no-combatientes de cada lado, en calculada furia compitieron, y pelearon a sus enemigos por la palabra de boca.

Esa camisa de diablo que condujiste con formidables hazañas de lengua. ¡Sobre la retaguardia de la batalla colgaste, con el arma de Sansón mataste a los muertos!
Tan caliente el ardor de tu alma que cada civil feroz vino, su antorcha para iluminar tu nombre, o hubieses golpeado su carbón de enfriamiento.
Los hombres prematuramente dejaron sus lechos y persiguieron el gélido baño, tan grandioso el calor y esplendor de tu odio de los ingleses y ‘cabezas de cobre’.
Rey mentiroso de hombres engañosos, ¡por imposición doblemente armados! A los patriotas encantados con tu habla aguijoneaste hasta la locura con tu pluma.

Hay un cierto periódico aquí, su dueño inglés se está enriqueciendo, tu mano escribió la traición por la cual una turba cortó su maldita carrera.
Sí, Pixley, no hubieses tenido el cerebro para distinguir lo verdadero de lo falso, o tú, por la Verdad hubieses tenido el coraje de ser sincero, y leal a su perfecto reino, si no hubieses formado tus poderes para servir al mal por el discurso engañoso, ni te hubieses impulsado al alcance del honor de la retribución, yo no hubiese tenido la voluntad de ir afuera del camino bordeado de olivos de la paz para cortar el abedul de la ira, y desnudar tu cuerpo para el golpe.

Mira que oscura la guerra, ¡las nubes se elevan sobre la madre de nuestra raza! Los relámpagos doran su rostro tranquilo y resplandecen en sus ojos pacientes.

Sus niños se agolpan en la inundación de aquí y se inclinan atentos sobre la playa. Sus corazones latiendo inhiben el discurso con sofocantes mareas de sangre inglesa.
‘Sus cielos, pero no sus corazones, cambiaron ellos, que van en barcos a través del mar’, por todos los siglos por venir, la extraña nueva tierra aún será extraña.

La Isla Madre sostiene en calibre las almas de los hijos que jamás vio, superior a la ley, la ley de la herencia compasiva.

Olvidado ahora el loco reino de cólera que dividió lazos triviales. El sable de un soldado vanamente intenta romper una cadena espiritual.
El hierro se afina en nuestra sangre, aunque pueda derramar manos fratricidas. ¿Se entronizará el Odio en Bunker Hill, aún el Amor permanece en Seven Pines?

 

traducción: Hugo Müller

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