Los tableros girados

El auto de la calle corrió sobre el hombre y el conductor nunca sonrió. ‘Oh, matador de hombres, ruego que me digas cuándo comenzará tu risa.

De diez años a un día te observé asesinar, y nunca me había perdido antes tus estruendos de júbilo mientras tus ruedas crujientes salpicabas con sangre humana.

‘¿Por qué, mi muchacho, te ahogas en júbilo, y por qué no haces señal de la feliz mente que está bailando detrás de un rostro más solemne que el mío?’
El conductor replicó: ‘Me hubiese reído hasta llorar si te hubiese partido en dos, pero me gustaría explicar, si puedo por el dolor, es a mí mismo a quien corté en dos’.
traducción: Hugo Müller

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