La prensa escabrosa

Jonesmith (negociaciones): He dormido derecho toda la noche, una cosa bastante inteligente para hacer. Cómo duermen sonoramente las mujeres (mira a su esposa). Ellas son todas iguales. La cosa más dulce de la vida es una mujer cuando yace con la lengua plegada, su tarea completa y su canción de día cantada. (Golpe) Ese es el diario matutino. Qué molestia que sea dejado en la puerta. Debería haber algún modo más expeditivo para obtener uno. Por esta larga demora la efervescencia se va de las noticias (se oye un golpe seco). Esa es Juana, la mucama, ella es un ave temprana, lo trajo al dormitorio, buena alma. (Se levanta y lo toma.) Después de todo, el sistema no es tan malo. ¿Qué hay aquí? Dios, si no lo tienen después, escucha querida (a la esposa dormida), ¡joven Gastrotheos! Bueno, si la Libertad se encoge cuando cae Kosciusko ella se encogerá nuevamente, con risa, viendo cómo trataron a Gast con ella. Aún lo permitiré, está bien si va a cenar a El Cachorro con la señorita Cosa.

Esposa (enérgicamente, despertándose): ¿Con ella? ¡La descarada! Sí, le sirve bien.

Jonesmith (continúa ‘buscando la luz’): ¿De qué va todo este viejo Impycu? ¡Está bueno! Grip, ese es el hombre divertido, dice que Impy debería ser usado como un señuelo en trampas de disparo. Conocí al viejo Impy cuando tenía las ‘estampas’ para comprarnos a todos, y entonces no eran un tipo tan malo para tener. ¡La pluma de él sólo hace cosquillas! Y el mundo, din duda, es mejor con él de lo que era sin él. ¿Qué? Trece damas, ¡saltando por Júpiter!, ¡las conocemos casi a todas!, ¡quien apuesta a un bajo pero muy shockeante juego de cartas llamado ‘tablas’! ¡Oh, locas, cómo se retorcerán!, ¡Jaja, jojo! Veamos qué más (la esposa ronca). Bueno, ¡seré bendecido! Una mujer no comprende una broma. ¡Hola! ¿Qué, qué? El vil desgraciado procede a echarme un vistazo, ¡condénenlo! (lee): Tom Jonesmith, mi nombre es Tomás, ¡vulgar canalla! Del nuevo Banco Afeitadas, ¡el hombre se volvió loco! Esto es un libelo, lo tendré por esto, le cortaría los cuernos. Diablo, ¡llévate a la rata! ¿Cuál es su negocio?, me gustaría saber. No tiene que cortárselos. ¡Dioses, en qué cosas bajas y escabrosas se han convertido nuestros periódicos! Te revuelcas en sus contenidos y sólo obtienes escoria. Aquí, María (despertando a la esposa), he sido atacado en esta página vil. ¡Por Júpiter, es un hecho!
Esposa (leyéndolo): ¡Qué perverso! ¿Quién supones que lo escribió?
Jonesmith: ¿Quién? Porque, quién si no Grip, el que se autodenomina hombre divertido, él me escribió porque no descontaría que era su nota. (Se sonroja como el atardecer ante una espantosa mentira, él pensará en uno que es mejor siempre a su lado, arroja el diario al piso y lo pisotea con vigor, patea los jirones y parches por toda la habitación, y aún ejecuta su danza con voluntad inquebrantable.)

Esposa (gorjeando dulcemente, como un cuerno de la tierra de los elfos): Querido, ten cuidado del segundo cuerno.

Stanley. Notando vil la composición de algún gran hombre: Una cabeza de sabiduría y un corazón de astucia, una voluntad a conquistar y un alma a atreverse, se juntan a las maneras de un oso danzante, locos desacostumbrados al amplio examen de varios balanceos compensadores de la Naturaleza, a quienes no les enseñaron a separar la paja del trigo, a alabar a uno y a la risa del otro, anhelando todo en vano y buscando impotentemente algún héroe inmaculado a quien causarle estragos con la adoración servil de los débiles. No así los sabios, libres de la superstición, que hallan pequeño placer en las rodillas inclinadas, rápidos para discriminar entre el bien y el mal, y dispuestos en el rey a encontrar al canalla, no se ve razón por la cual el genio y la presunción, el poder de asombrar y la voluntad de engañar, el amor por la osadía y el amor del gin no deberían vivir, pacíficos, en una sola piel. Para tales, gran Stanley, aún eres un héroe, a pesar de que fuiste criado en una tina para desperdicios. Tus modos campesinos no pueden borrar la marca de luz que dibujaste a través de la Tierra de Oscuridad. En tí se casan los extremos del personaje, servir a los rápidos y vilipendiar a los muertos. ¡Héroe y payaso! Oh, hombre de varios lados, la Musa de la Verdad te adora y ridiculiza, y derrama, imparcial, el rayo revelador sobre tu cabeza de oro y pies de arcilla.

 

traducción: Hugo Müller

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