El ajuste de cuentas de Sachem

Era un cacique Injin, en plumas todas finas, parado en el borde del océano,

había un sinnúmero de leguas de excelente piélago pero no eran suficientes para él. Entonces él frotó un pulgar en sus ojos pintados, y añadió una lágrima a la escasa provisión.
Las oleadas rompían con voz atronadora, los vientos chillaban estridentes, este guerrero pensó que se necesitaba un poco de ruido para completar el programa. Entonces levantó la cima de su cabeza y frunció el ceño, exaltada su voz, hizo esto el cacique, ¡y aulló!

El sol llameaba en un campo de oro que colgaba sobre el mar occidental, brillantes estandartes de luz eran ampliamente desenrollados, como deberían los estandartes de luz. Pero nadie le estaba ‘hablando una pieza’ a aquel sol, y entonces este Hombre Medicina comenzó: ‘¡Oh, mucha cosecha de brillo!, ¡oh, gran bola de calor! ¡Te he seguido de mar a mar! Porque el Carapálida ha estado en algunos dolores para informarme, tu eres mi emblema. El me dice, animadamente: ‘¡Ve hacia el oeste!’ Y hacia el oeste he hecho un recorrido muy difícil.

Dado que eres mi emblema, presumo que yo soy tu emblema, y así, como somos iguales, es seguro asumir que una gran ley nos gobierna a ambos. Así, si ahora estoy en el océano contigo, contigo me levantaré nuevamente fuera del mar’.
¡Su elocuencia primero, y su lógica última! ¡Tales oradores mueren!, y él murió: el triunfo estaba en su contra, su mala suerte él ‘pasó’, y así él ‘pasó’ con la marea. Este Injin se deshace del mundo con un capricho, el mundo se libera de sus discursos y de él.

 

traducción: Hugo Müller

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