Acción de gracias

El Superintendente de un Asilo de Ancianos. Un Pobre.
Superintendente: Así que usted es desagradecido, ¿no se comerá el pájaro? Usted merodea el lugar todo el día y da vueltas. Entiendo que no asistirá al baile que se va a dar esta noche en el Salón Pobre.
Pobre: Eso es cierto, precisamente como ha escuchado: no tengo dientes y no comeré ningún pájaro.
Superintendente: ¡Ah! Vea que buena es la Providencia. A causa de los dientes y mandíbulas que El le ha despojado el ave se ha vuelto tierna, puede superarlo mediante succión, o al menos, bueno, puede masticarlo, atestiguando así el dictamen de los predicadores aquella Providencia es buena para todas sus criaturas, excepto los pavos. Venga, amigo ingrato, si asistirá a nuestra cena de Acción de Gracias debería decir gracias, pregunte a Dios al menos bendecir las porciones suaves y líquidas del festín.

Pobre: Sin aquellos dientes mi discurso es bastante grueso, él dificilmente comprenderá la goma arábiga. No, no cenaré hoy. En cuanto al baile, usted sabe que no tengo piernas en absoluto. Tuve la gota, hereditaria, así, como no pudo ser arrinconada en mis dedos me cortaron las piernas en la indulgente creencia de que acortándome harían mi angustia más breve. Faltándome piernas no puedo realizar con ninguna buena ventaja una persecución, y entonces, porque mi padre eligió cortejar el favor del cielo con sus hortelanos y lumbrera (¡agradeciendo cada día!) el Señor suministró sierras para mis piernas, un asilo de ancianos para mi orgullo y, una vez al año, un pájaro para mi interior. No, no bailaré, mis fantásticos y ligeros dedos tomaron sus talones hace casi veinte años. Se requieren algunas pequeñas reparaciones para poner mis sentimientos en una posición saltarina. (Canta) Oh, el hombre sin piernas es un tipo infeliz, los favores de la fortuna no caen en su regazo, los logros de un oficio evitan su plato, no importa cuánto desconcierte al Estado, el pasto jamás crece bajo sus pies, pero él no puede esperar que ambos extremos se encuentren. Con ojos tristes y un corazón sombrío, él cumple el rol de su parte mortal: nunca puede ser completamente él mismo. Oh, ¡él es una corporación sin suela!
Superintendente: La campana de la capilla está llamando, amigo ingrato, puede que no asista a los bailes pero debería asistir a la iglesia. Un reconocimiento no puede ser negado a la gran misericordia que ha echado a un costado la espada de la muerte de nosotros y la ha dejado caer sobre los cuellos de la gente en Montreal, aquello desperdició nuestra ciudad, campanario, techo y cúpula, y hundió a los tejanos fuera de su casa y hogar, bendijo con paz a todo nuestro continente, para inundar los Balcanes con un cataclismo de sangre. Comparados con bendiciones de tan alto grado, sus dolores privados me parecen tan poderosamente pequeños.

 

traducción: Hugo Müller

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