A un censor

¿Delay responsable? Porque, entonces, mi amigo, acuse a Delay y hará un final. Arroje al vil Delay a la cárcel y deje que se pudra por hacer todas las cosas que no se deben hacer. No ponga a los jueces de buena naturaleza bajo su lazo, pero haga que Delay responda los daños. Minos, Aeacus, Radamanthus, rodaron hacia un despiadado, implacable, serio y regañón censor, desenrolle sus correas para azotar a los bribones desnudos a través del mundo. ¿Los bribones? No, la picardía es la cosa sobre cuya espalda cantan sus anudados azotes. Su sátira, verdaderamente, como una navaja afilada, ‘hiere con un toque que no es sentido ni visto’, porque nada de lo que asalte con espada libre tiene nervios para sentir u ojos para ver. Usted siempre carga contra abstracciones, no corta el casco y no necesita objetivo. Aquella perversión es mala y el pecado un vicio, que el mal no está bien y la asquerosidad nunca es bonita, afirma sin miedo. Atrévase a todas las consecuencias: golpee la ofensa y el ofensor se excusará. Cuando Ananías y Saphira mintieron, la falsedad, si usted hubiese estado allí seguramente hubiesen muerto. Cuando los mercaderes se sentaron en el Templo, al cambiar dinero usted hubiese hecho girar al gato (aquel Juan el Bautista de la pluma moderna), ¡y todos los aseguradores hubieran gritado amén!
Buen amigo, si cualquier juez merece su acusación, ¿no tiene usted coraje, o no tiene él un nombre? ¿Sobre su método usted destrozará su ira, él completamente sin molestias en su camino? ¡Caído, caído! Ya no maneja su palo para batir el aire o flagelar a un hombre de paja. Desprecia hacer justicia como la esclava sajona que abofeteó la sombra del ofensor en una pared. Deje que los pícaros atestigüen su celo en la carne, ¡golpeó en el laberinto o tropezó en el talón!
Sabemos que los jueces son corruptos. Sabemos que los crímenes son rápidos y las leyes son lentas. Sabemos que los abogados mienten y los doctores asesinan, que los predicadores y sacerdotes son sólo aves de ruego, que los mercaderes engañan y los periodistas por oro halagan a los viciosos mientras regañan al vicio. Es todo familiar como la simple tradición que dos policías y dos ladrones hacen cuatro.
Pero aquí, mientras algunos son perversos otros son buenos (como los árboles pueden diferir aunque todos son madera), nombres, aquí y allá, para mostrar la cabeza golpeada, el malo sentencia y el bueno absuelve. Perdonando a todo el mundo a nadie perdona: las reprimendas más personales son menos injustas. Dispare al azar si aún lo prefiere, y jure una maldición pero jamás patee a un perro, permítame todavía una última apelación a algo que usted comprende y siente: deje que la vanidad y la frugalidad persuadan a su corazón, podrá ser leído si aprende su negocio.

Buenos hermanos cínicos (sin duda habrán adivinado, no me dirijo a ninguno en especial sino a todos ustedes), recuerden esto: la flecha que busca un corazón conduce a todos los ojos detrás de ella, un dardo ocioso lanzado a alguna sombra revolotea sobre el verde, su vuelo desatendido y su caída jamás es vista.
traducción: Hugo Müller

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