A Nanine

Querida, si nunca volviera a ver tu rostro nuevamente, toda la música de tu voz enmudecería, como aquella de un laúd roto y abandonado, sólo en mis sueños podría alcanzar la bendición de tu tacto, cuán vana sería la fe para justificar la vieja búsqueda de felicidad, o la razón para refutar la filosofía pesimista del dolor. Aún el amor no reunido es imprudente, porque todavía el viento murmuraría en el maíz, y el sol resplandecería en todo el lago, y yo, yo no podría, mi más querida, elegir sino escuchar tu voz sobre la brisa y ver tus ojos brillar en la gloria del amanecer de verano.

 

traducción: Hugo Müller

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