Una fantasía matinal

Derivé (o me pareció) en un bote sobre la superficie de un mar sin orillas, donde ni una nave flotaba excepto la frágil barca que me contenía, y aquello eran tan sombrío que parecía provenir casi de los mismos vapores forjados por el gran océano debajo de su quilla, y todo aquel azul profundo aparecía como nada ante el cielo más espeso, revelado traslúcido, millas abajo, más allá de lo que relumbrara a través de sus espacios, o que viajó y permaneció en el fondo marino.
Vi grandes ciudades allí, de ricos y pobres, el palacio y la choza, montañas, valles, bosque y campo, el desierto y el páramo, tumbas de los buenos y sabios que vivieron en celdas, y mares de fluido más denso, blancos con velas empujadas a las corrientes que se mueven aquí y allá, y sensible para contemplar por sobre el llano de aquella profundidad más opaca. Ah, era extraño y bello el inframundo que estaba avizorando con el corazón latiendo desde aquel nivel exaltado, y, no era que yo sea el causante, ¡temblando como el demonio!
Las ciudades eran todas populosas: hombres hormigueaban en lugares públicos, conversaban, se reían y lloraban, y salvajes calentaban sus cuerpos brillantes ante fuegos en bosques primitivos. La bestia salvaje saltaba sobre su presa y la mataba mientras dormía. Ejércitos avanzaban hacia adelante para batallar en la llanura lejana, alla abajo, en la profundidad insondable los vivos parecían tan silenciosos como los asesinados, ni siquiera se escuchaba a las viudas llorar. Uno podría pensar que su estremecimiento no era otra cosa que risa, y, sinceramente, la mayoría se casó poco tiempo después.
Sobre los escombros de aquella refriega silenciosa extraños peces nadaban en círculos, alrededor de lo negro, con aletas dobles, y de repente, de un modo sutil una burbuja se levantaba y explotaba sin un sonido, y un hombre se tambaleaba sobre el suelo. ¡Señor! Era una cosa espeluznante andar a la deriva en aquel mar translúcido, bajo cielos negros y sobre cabezas de una raza sin ahogamiento, y cuando me desperté dije, para su sorpresa, que vino con chocolate para que bebiera: ‘La atmósfera es más profunda de lo que crees’.

 

traducción: Hugo Müller

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