Un embrague de seguridad

Una vez he visto una ruina humana en el pozo de un ascensor. y sus miembros estaban todos desparramados por todo el lugar donde cayó.

Y yo digo, apostrofando a aquel penoso e infrecuente infeliz: ‘Su posición tan sorprendente, ¡que tiemblo por su cuello!’
Entonces aquella ruina, sonriendo tristemente e impresionado, se levantó y habló: ‘bueno, no temblaría malamente, porque ha sido una pelea de quince días’.

Luego, para una mejor comprensión de su actitud, él rogó que fije mi atención en sus varios brazos y piernas, como estaban todos contumaces, allí donde cada uno yacía, cómo una chuleta resulta desagradable, para otro es una excusa.
Se ha mencionado a aquellas en particular, para mostrar su estado lúgubre, que yo no fui el primero que se intentó lo relate específicamente.
Nada es peor a ser temido que aquello que siempre oí contar, que el caballero que estaba esparcido en aquel pozo de ascensor.

Ahora esta historia es alegórica, es toda figurativa, porque el pozo es metafórico y el tipo no se cayó.
Opino que no es moral para un escritor engañar, y despreciaría usar un laurel obtenido por engaño.

Porque está destinado a la política, junto al ascensor, creo, impulsar a una persona espléndida si su talento es de clase.
El coronel Bryan tenía el talento (porque el hombre destrozado es él), y le disparó valeroso a la derecha hasta que su cabeza comenzó a nadar.

Entonces la soga se rompió encima de él y penosamente se vino a tierra, donde no había nadie para amarlo por su mérito en detrimento.
Aunque nadie conocía su vida, o al menos no una como esa. La moraleja de este triste poema: Aceita con frecuencia tu embrague de seguridad.
traducción: Hugo Müller

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