Un cocodrilo

No, Peter Robertson, no es para tí lloriquear sobre Max Taubles porque está muerto. ¡Cielos!, mi querido, si sólo supieras cuán mejor es una tumba, un gusano en la cabeza que sesos como los tuyos, cuánto más decente, también, una tumba en la lejana Corea que una cama donde Peter yace con Peter, tú podrías codiciar su estado más feliz y, muriendo, aprender a amarlo.

En lo más hondo de la tumba silenciosa ninguna divagación tuya perturba la paz.

Tu cornamusa mental, zumbando como la penumbra audible del infierno, por fuerza debe cesar de hacer problemas, y aquella grieta de la perdición, tu boca, formada como un largo arco, debería soltar en vano tales flechas de ingenio como pueda pronunciar, la oreja de la muerte no podrá escuchar su revoloteo.

 

traducción: Hugo Müller

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