Premio a la posteridad

He estado muerto por mucho tiempo pero he retornado a la tierra. Algunos pequeños asuntos de la posteridad se estaban poniendo espesos y he venido a ver que el mérito recibió sus obligaciones. Duramente terminé de despertarme, el molde de la tumba aún sobre mí, cuando mis ojos percibieron una estatua parada derecha y alta. Era una colosal figura de bronce y oro noblemente diseñada, en actitud de mando. Desde sus espaldas una toga, pliegue sobre pliegue, caía al pedestal donde estaba parado. Tenía nobleza y una gracia espléndida, y todo lo que debería tener, ¡excepto un rostro!
No tenía rasgos: ni un rastro o signo de ojos o nariz podían detectarse, en el suave óvalo de su frente ninguna línea donde son comúnmente seleccionados los sitios para las bocas. Toda en blanco y ciega levantaba su fallida cabeza. Dejen que sea dicho esto: tenía orejas generosas.

Viendo estas cosas, pronto comencé a intuir a quién se había dedicado esta poderosa imagen. ‘La cabeza’ grité ‘es la de Upton, y el vestido es de propiedad del padre Bartlett’. Es cierto, su manto terminaba al ras de su vértebra inferior, pero ningún escultor sano hizo jamás una toga así.

Entonces leí sobre el pedestal estas palabras: ‘Erigido en 1897 (¡San Cristóforo, qué rápido ha acelerado el tiempo! Por supuesto lo hace naturalmente en el Cielo) a (aquí un espacio en blanco para el nombre) el siglo 19 al gran hombre principal’. ‘Completada’ finalizaba la inscripción ‘el año 3 mil’ que estaba arribando.

¡Por Júpiter! pensé yo, ‘haría sonreír a los fundadores aprender que su fama ha sobrevivido tanto para leer que el nombre de la posteridad su ubicará en aquel vacío en blanco, y ver el rostro finalizado’.

Aún cuando contemplaba, vino el año 3.000, y luego por aclamación todo el pueblo decretó quién era el más famoso de nuestro siglo, entonces pusieron andamios sobre la estatua como un campanario, para dar el parecido, y el nombre fue hundido profundo en el tronco metálico del pedestal.

¿De quién era? Gentil lector, ruego excuses la rudeza parecida, pero no puedo consentir ser tan frontal con noticias importantes. No era ni de ustedes ni mía, dejen que eso los contente. Si no, el nombre que debo entregar, el cual, sobre la palabra de un hombre muerto, era George K. Fitch!

 

traducción: Hugo Müller

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *